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viernes, 26 de agosto de 2016

“CRAZY” HISTORIA DE UNA CANCIÓN (Willie Nelson - Patsy Cline)



En su juventud, a los veintiocho años, cuando aun no era famoso, Willie Nelson compuso una canción dedicada a la soledad a la que inicialmente puso por título ‘Stupid’ para luego cambiarlo por ‘Crazy’ (‘loco’) al comprobar que resultaba menos agresivo y provocador.

Su intención inicial fue que le grabara el tema el cantante de country Billy Walker, pero este la rechazó al encontrarla demasiado blanda (“una canción para chicas”) por lo que Nelson le ofreció la composición (junto a varias canciones más) a Larry Butler quien también le dio un no por respuesta muy a pesar de que el sólo le pedía la módica cantidad de diez dólares por tema.

Desencantado, Willie Nelson coincidió en un bar con Charlie Dick, el marido de la exitosa cantante de country Patsy Cline y le entregó una cinta con la maqueta que él mismo había hecho de su canción, grabación por la que Patsy no mostró demasiado entusiasmo hasta que el productor Owen Bradley hizo unos arreglos adecuados para adaptarla a la voz y al estilo de la cantante. No obstante, el destino quiso que Patsy Cline llegara a odiar ‘Crazy’ debido al deplorable estado anímico en que se vio sumida tras pasar un mes ingresada en un hospital despuéss sufrir un accidente de automóvil en el que murió su acompañante.

En agosto de 1961, Patsy, aun no recuperada del todo, acudió con muletas al estudio de grabación para grabar ‘Crazy’, pero le fue imposible finalizar el trabajo debido a las molestias que sentía, un intenso dolor en el tórax que le impedía llegar a las notas mas altas. El resultado fue que sólo pudo grabarse el acompañamiento instrumental pero no la voz hasta que pasados unos días, Cline regresó al estudio y tras una larga sesión consiguió completar la grabación de lo que acabaría convirtiéndose uno de sus temas más emblemáticos.




https://www.youtube.com/watch?v=LG-mJfK7HUI



Animado por el éxito de su composición, también Willie Nelson hizo su propia versión un año después y partir de entonces, la carrera del compositor fue fulgurante mientras que Patsy Cline no tuvo tanta suerte ya que en 1963, estando en lo más alto de su carrera, murió al estrellarse su avioneta cuando contaba tan sólo 30 años de edad.

A Patsy Cline le corresponde el mérito de ser una de las artistas que hicieron que el country se volviera más accesible para el público en general, más allá de los incondicionales del género. Por su parte, Willie Nelson se convirtió en uno de los artistas más reconocidos del la música country y aun hoy sigue siéndolo, y a pesar de su avanzada edad acaba de lanzar —en febrero de 2016— acaba de lanzar nuevo disco (Summertime: Willie Nelson Sings Gershwin) en el que versiona grandes clásicos de George e Ira Gershwin tras serle condecorado el pasado año el premio Library of Congress Gershwin Prize for Popular Song, siendo el primer intérprete Country en conseguirlo por parte del congreso de Estados Unidos.






 







Letra traducida de
Crazy

Loca,
estoy loca por sentirme tan sola.

Estoy loca,
loca por sentirme tan triste.
Sabía que me amarías siempre
y cuando tú quisieras.

Y luego algún día
me dejarías por alguien nuevo.

¿Preocuparme?
¿Por qué me permito preocuparme?
Me pregunto ¿qué diablos he hecho?

¡Oh!, loca
por pensar que mi amor podría retenerte.
Estoy loca de intentarlo
y loca de llorar
Y estoy loca por amarte a ti.




domingo, 14 de agosto de 2016

LA PSICODELIA Y LOS BRINCOS





LA PSICODELIA EN LA PRODUCCIÓN DE LOS BRINCOS A TRAVÉS DE LA CANCIÓN “LA FUENTE”






"La Fuente", una canción a reconsiderar

En la producción de todos los grupos y compositores hay siempre alguna o varias canciones, que, por cualquier motivo, pasan desapercibidas, bien por ser la cara B de un éxito importante, bien por quedar encubiertas y agazapadas entre la variedad de temas que configuran un disco de larga duración o bien por falta de una producción adecuada que en su momento propiciara su presencia en los programas radiofónicos musicales.

Un ejemplo de ello lo encontramos en un excelente tema de grupo Los Brincos que hoy he escuchado después de llevar muchos años sin hacerlo, redescubriendo sorpresiva y agradablemente una serie de matices que en su día me pasaron desapercibidos o bien fui incapaz de percibir como ahora lo he hecho. La canción en cuestión llevaba —lleva, pues está más viva que nunca– por título La fuente y fue compuesta por Miguel Morales con la colaboración en la letra de Manolo González. La compañía discográfica la ubicó en la cara B del exitoso ¡Oh, mamá!, último número uno del grupo antes de su disolución y que sin duda eclipsó a la canción objeto de esta pequeña crónica.


La letra

Ya de por si, la letra de La Fuente (escrita por el brinco Manolo González, bajista del grupo), nos aproxima a una escena onírica —y en cierto modo naif— donde la realidad parece distorsionada e iluminada por un arco iris de infinitos colores que la modificara hasta dejarla tal cual la percibiría un niño que desde su ingenuidad y «huyendo de la gente» —¿o tal vez del sufrimiento, del dolor, de la enfermedad?— comienza a jugar al lado de una fuente hasta que las mágicas notas procedentes del interior de un violín le hacen caer en un profundo sueño —¿quizás la muerte o el tránsito a otro plano existencial?— facilitando así su acceso a un mundo donde, como en un cuento, entabla contacto con seres fantásticos como Wendy, El Capitán Garfio o La Bella Durmiente, con quienes juega durante tanto tiempo que transcurren muchos, muchísimos años —¿tal vez una Eternidad?— , de tal modo que el niño que accede a ese mundo tal ideal, ya nunca más regresa a la realidad («no vuelve de la fuente, no vuelve de la fuente…» como dice el final de la canción).



Una mañana,
Huyendo de la gente,
Un niño juega
Al lado de una fuente.

Algo le llama,
Es un violín que suena.
Cuando lo encuentra
Queda dormido y sueña.

Todo es como un cuento
Al oír
Lo que suena dentro
Del violín.

Wendy sonríe
Y del niño se esconde
Y Garfio sale
De no se sabe dónde.

Todo es como un cuento
Al oír
Lo que suena dentro
Del violín.

Pasan los años,
No vuelve de la fuente.
Está soñando
Con la Bella Durmiente.

No vuelve de la fuente.

No vuelve de la fuente.

No vuelve de la fuente.






La música

La letra de La Fuente, de temática metafórica y reminiscencias mitológicas, se presta a tantas interpretaciones como sea capaz de elaborar la sensibilidad y la imaginación de quienes accedan a ella y penetren en su misterio. Pero nada de ello habría sido posible sin la preciosa música compuesta por el artífice de esta obra sublime del pop psicodélico español, el entonces jovencísimo Miguel Morales —la compuso en 1969, con sólo diecinueve años— quien tal vez sin darse cuenta, estaba aportando a la historia de la música contemporánea una pieza sublime que hoy, casi cincuenta años después, sigue propiciando en quien la escucha la proyección del mundo interior de su psique, con el efecto de distorsionar la percepción de la realidad (como le sucede al niño protagonista) y permitir que se manifieste «lo que revela la mente» o «lo que manifiesta el alma», tal y como lo expresaba en 1957 el psiquiatra británico Humphry Osmond al introducir el término psicodelia y asentarlo más allá de su connivencia con los efectos de ciertas sustancias alucinógenas.

Desde finales de los cincuenta, y sobre todo en la década de los sesenta, la psicodelia se convirtió en en un fenómeno contracultural o underground que pretendía reproducir las alteraciones de la sensibilidad producidas por las drogas alucinógenas con la finalidad de quebrantar los límites impuestos por la realidad y la consciencia de la misma tal cual es vivida y experienciada. El objetivo perseguido por la psicodelia era que el individuo consiguiera alcanzar ciertos aspectos o niveles perceptivos de la mente hasta entonces desconocidos, alterando y conduciendo la conciencia hacia sensaciones similares al sueño, así como también al éxtasis religiosos e incluso a la psicosis. 

Aunque los arreglos musicales de La Fuente puedan parecer ampulosos o tal vez ambiciosos en una primera escucha, al adentrarse en la obra se desvanece esta sensación por lo necesarios que resultan para acompañar a la sensual melodía en el sinuoso e hipnotizante cauce con el que consigue crear un aura onírica equiparable al sueño que experimenta el niño de la historia tras ser atrapado por el mágico mundo de La Fuente.

Desde una perspectiva estilística, no es difícil encontrar en la música de La Fuente —siempre desde la subjetividad y el criterio de quien escribe este artículo– ciertos puntos de conexión con la tendencia musical impresionista que surgió en Francia a finales del siglo XIX, un estilo que tanto en lo musical como en lo pictórico, se puso de manifiesto con la idea de expresar la inspiración del artista de un modo insinuado en el que, por ejemplo, se perciben sólo manchas al contemplar de cerca un cuadro y conforme se aleja el observador van tomando forma las figuras. Recordemos que Claude Debussy es el compositor impresionista por excelencia, creador de una de las músicas más poderosas y originales de la historia, melodías y ambientes seductores y sugestionantes que nos transportan a espacios más propios de la mitología o de los sueños, tan cual sucede en La Fuente o en Lucy in the sky with diamonds, por poner dos ejemplos de la psicodelia de los años sesenta que tanto se emparenta con el impresionismo.

Que nadie vea un velado intento por mi parte de equiparar La Fuente, de Miguel Morales, con obras de músicos impresionistas como Debussy, Ravel o Satie. Sería absurdo, entre otras muchas razones por tratarse de épocas, estilos, contexto sociocultural y técnicas musicales completamente distintas. El único objetivo de este artículo es dejar constancias de la calidad musical de una obra que en su día me pasó desapercibida en muchos aspectos y que hoy he redescubierto. También ha sido mi intención ensalzar, una vez más, la calidad de la música pop y rock que se hizo en España en la década de los años sesenta, con unos resultados que, en el caso de Los Brincos, nos permite equiparar al grupo en muchas de sus producciones con los más grandes que entonces triunfaban allende nuestras fronteras, mérito que hoy, recién cumplido el cincuentenario de su fundación, es de justicia ensalzar.






Alberto Soler Montagud
Médico y escritor





martes, 28 de julio de 2015

LOS BRINCOS: EL NACIMIENTO DEL 'SONIDO BRINCOS'

LOS BRINCOS

EL NACIMIENTO DEL SONIDO ‘BRINCOS’

Nada mas comenzar este estudio y habida cuenta del fanático entusiasmo que en mi adolescencia sentí por Los Brincos, me cuestiono si en verdad seré la persona idónea para escribir sobre este grupo musical nacido en la España de los sesenta al que, aun hoy, sigo considerando el mejor conjunto de entonces y tal vez del pop-rock español, ya no sólo por la calidad de su producción sino por su importancia como referente en el cambio que la llamada música moderna española experimentó a partir de su lanzamiento.
No obstante, y a pesar del handicap de mi subjetividad, seré objetivo al afrontar un proyecto que en esta primera entrega, mostrará cómo se gestó, nació, creció y hasta se multiplicó (aparición de un dúo tras su primera escisión y distintos grupos tras las sucesivas etapas de Los Brincos y los consiguientes cambios en sus formaciones) un conjunto que transcurridos casi cincuenta años, aun siguen en los escenarios gracias al legado de un brinco de pura cepa, el mas joven, Miguel Morales, miembro de la segunda formación, musicalmente en activo y a quien admiro y aprecio como amigo.

Introducción
El objetivo de este artículo es conciso y concreto. En esta ocasión, no he proyectado hacer un repaso de la trayectoria de cada uno de los componentes del grupo, algo que me reservo para mas adelante, pues lo que ahora me interesa es indagar en el sonido brincos y en las fuentes en que bebieron sus fundadores hasta conseguir hacerlo reconocible apenas escuchar su singular ecualización de voces e instrumentos y tras la cual llegarían otros sonidos conforme el conjunto evolucionaba y  fue abriéndose a nuevas influencias.
Es un lugar común afirmar que Los Brincos nacieron como una operación de marketing dirigida para crear un grupo español a imagen y semejanza de The Beatles. Al respecto, se dijeron barbaridades como que un equipo de publicistas habrían celebrado sesiones de brain storming para encontrar un nombre que fuera adecuado para el conjunto (bisílabo, con una fonética de palabra llana, que comenzara por la segunda letra del abecedario…) cuando en realidad, los únicos responsables de la creación del grupo no fueron otros mas que sus propios componentes. En concreto, podríamos ubicar el principio del principio en una reunión que en 1964 mantuvieron dos de sus fundadores, Fernando Arbex y Juan Pardo, concretamente en la discoteca Norba de Madrid, donde el primero le propuso al segundo que se incorporara como cantante en la refundación que de su grupo Los Estudiantes proyectaba llevar a cabo. Pardo se negó  de inmediato alegando tener otros proyectos que, conforme avanzaban en su conversación, descubrieron que eran unas inquietudes compartidas por ambos. Tanto fue así que, pronto se percataron de buscaban lo mismo y era factible trabajar juntos en el proyecto de un nuevo conjunto mas allá de una refundación.
Esa tarde,  dos jóvenes de apenas veinte años, con fuertes personalidades  y muy distintas cada uno de ellos, aunque sinérgicas formas de entender la música, concluyeron que querían un conjunto que tuviera un sonido propio, que no se limitara a hacer versiones de temas extranjeros sino a cantar sus propias canciones, un conjunto distinto a los demás en el que tuvieran preponderancia las armonías vocales.
Así fue como comenzó una historia que, aunque apasionante, será mejor dejar para otro capítulo y entrega. Válganos por ahora para dejar claro que no hubo un proyecto de laboratorio y que nadie mas que Los Brincos fueron los responsables da la creación de Los Brincos, algo que tiene su lógica en un momento en que poquísimos directores artísticos de compañías discográficas se atrevían a apostar por el tipo de música que, provocativamente, acababa de irrumpir rompiendo moldes y sentando nuevas bases que nadie aseguraba fueran rentables a corto o medio plazo y en las que era arriesgado invertir una sola peseta.
Que la compañía Novola (filial de Zafiro) creyera en el proyecto que Fernando y Juan gestaron en aquella conversación (y al que pronto se sumaron los otros dos miembros del conjunto, Manolo Gonzáles y Antonio Morales a quien todos conocían como Junior) fue casi un milagro, y buena parte de la culpa fue que una joven productora, Maryní Callejo, creyera en ellos y se encargara de poner orden y profesionalidad en batiburrillo de ilusiones de cuatro músicos con madera de consagrados a fin de que el caos no campara a sus anchas. Y vaya si lo consiguió.
Queda pues claro que Los Brincos no fueron un invento creado por una compañía discográfica empeñada en conseguir unos clones españoles de The Beatles.
Igualmente, habría que matizar que, aunque en muchas de sus canciones Los Brincos sonaran muy parecido al cuarteto de Liverpool, no era esta ni mucho menos su meta. Es mas, podría hasta plantearse la eventualidad de que ambos grupos (independiente de que Beatles fueran ya famosos y la inercia de Brincos fuera sonar como ellos) hubieran bebido de unas mismas fuentes. Es una hipótesis que más adelante expondré, aun a sabiendas del desdeñoso sarcasmo que tal especulación llegará a suscitar en quienes no reconocen en los orígenes del rock español un valor  creativo sino sólo mimético e imitativo.
Pero antes de entrar en materia, considero interesante –y necesario– hacer una introducción histórica, no sólo musical, que contemple el contexto sociocultural de la música popular española de mediados y finales de los años cincuenta
De la música española a la música moderna
En la segunda mitad de los cincuenta, una oferta de copla, boleros, pasodobles, así como unas singulares canciones aflamencadas, monopolizaban los programas radiofónicos de discos dedicados en los que también se escuchaban (en menor proporción) ciertos ritmos importados y adaptados al español para nuestros intérpretes, como el fox-trot, la rumba o el cha-cha-chá, e igualmente baladas y otras canciones de ritmos más rápido que apuntaban a la entonces llamada canción ligera, un género que aportó nuevos intérpretes como José Guardiola, Gloria Lasso, Los Cinco Latinos o Monna Bell, que pusieron una nota de color en el sonido de una posguerra que aun permanecía reciente en la mente de muchos.
En este contexto, fueron apareciendo jóvenes cantantes aun más modernos (Luisita Tenor, el Dúo Dinámico, Gelu, Francisco Heredero…) cuya presencia en los programas radiofónicos se impuso poco a poco así como también en las entonces embrionarias listas de discos más vendidos.
Sin pretenderlo y de un modo natural fueron delimitándose dos tendencias musicales que enfrentaban a la tradición (la canción española de siempre) con la innovación (la música moderna) que muchos defensores de lo español y sus esencias (con todas las connotaciones que el lector llegue a imaginar) consideraron como una invasión de modas extranjeras que alejaban a la juventud de los valores que identificaban a esa reserva espiritual de occidente que era España.
No olvidemos que la época a la que se hace referencia, distaba tan sólo dos decenios del final de una guerra civil y que aun flotaba un prudente miedo en el ambiente de una España en blanco y negro que intentaba abrirse a cierta modernización (dentro de un orden) al mismo tiempo que avanzaba hacia conmemoración de los 25 Años de Paz que el Régimen franquista proclamaba con triunfalismo de victoria tras una contienda que se saldó con un millón de muertos.
Sin embargo, y volviendo de nuevo a la música, la invasión de las canciones y de sonidos foráneos era un hecho imparable y surgieron nuevos cantantes y grupos vocales que imitaban, en español, las melodías que triunfaban en el extranjero (norteamericanas en principio, francesas e italianas por parte de los cantantes solistas e inglesas, las mas preferidas por los conjuntos).
Se importaron nuevos balies que a comienzos de los sesenta, los jóvenes españoles aprendían como podían, en parte gracias a unas entrañables imágenes de huellas de zapato que ilustraban las contraportadas de los discos y les enseñaban a dar los primeros pasos del twistmadison y otros bailes de menor difusión internacional como fue la yenka que un efímero dúo holandés (Johnny and Charley) popularizó en España. Sin embargo, y por encima de todos, la auténtica revolución era la que aportaba un nuevo baile y una nueva música que era también una nueva concepción de vivir llamada rock and roll que en España propició la aparición de incontables conjuntos musicales entre los que despuntaron algunos con bastante fama como Los Pekenikes o Los Estudiantes. También Los Milos, Los Pájaros Locos, Los Botines, Los Sonor, Los Vándalos, Los Teleko y decenas y decenas con mayor o menor fortuna en su intento por  darse a conocer y llegar a grabar un disco.

Los primeros conjuntos
No sin ciertas dificultades, los jóvenes que con sus primeras guitarras –al principio españolas y luego eléctricas– iban formando los primeros grupos musicales, lo hacían sorteando los escollos sociales que imponía el conservadurismo imperante.
No habían partituras, ni falta que hacía cuando, en muchos casos , lo prioritario era conseguir los instrumentos y hasta aprender a tocarlos.
En cierto modo, las partituras eran los discos que, con cuentagotas, llegaban a nuestro país así como las canciones que se daban a conocer en programas radiofónicos donde míticos y recordados  locutores como Ángel Álvarez (piloto de Iberia y locutor de radio a quien tuve el placer de conocer) permitían acceder a singles, EP y LP casi imposibles de conseguir en España y que los afortunados que disponían de un magnetofón de carrete abierto (los casetes no existían ni en la imaginación) grababan a partir de programas como el Vuelo 605 que emitía Radio Peninsular.
Los nuevos temas, eran escuchados atentamente una y mil veces si hiciera falta hasta llegar a memorizar la fonética de las letras en inglés (idioma que casi nadie hablaba) y conseguir tocarlos cada vez con más fortuna conforme se incorporaban nuevos acordes y se adquiría una técnica más depurada en el manejo de las guitarras.
Así fue como, con ilusión y paciencia muchos chavales se atrevieron tocar aquellas canciones que llegaban de allende nuestras fronteras y hacer versiones se convirtió en una obsesión mientras se incorporaban más y nuevos acordes hasta conseguir progresiones armónicas que confirieran un sonido aceptable y creíble en comparación con las grabaciones originales.
La tenacidad, la predisposición, las dotes artísticas innatas y la formación musical previa de los componentes de cada nuevo conjunto, fue la criba que hizo que sólo los mejores sobrevivieran y fueran llamados a actuar en colegios mayores, fiestas y locales, a la espera de que alguien creyera en ellos y les propusiera grabar el ansiado primer disco.
Este fue el caso de Los Estudiantes (1959), una formación que alcanzó cierto éxito (llegaron a grabar tres EP) y que en sus orígenes lideraba un muchacho de dieciocho años llamado Fernando Arbex, baterista y compositor de algunos de los temas que interpretaban además de hacer versiones de éxitos extranjeros. Es interesante reseñar que quien años después sería el bajista de Los Brincos, Manolo González, formó parte de Los Estudiantes en su última formación antes de la definitiva disolución del grupo.
Otro conjunto emblemático en aquellas fechas fue Los Pekenikes (1959), una formación liderada por los hermanos Alfonso y Lucas Sáinz que desde sus inicios se debatió entre la duda metafísica de ser un grupo instrumental o bien contar con un vocalista, como Juan Pardo o Junior quienes, en distintas etapas del grupo, fueron la voz solista y ambos músicos, mucho después, formarían parte de Los Brincos, conjunto del que mas tarde se separarían formando un dúo de gran éxito.
El nacimiento de un nuevo sonido
Fernando Arbex, en su etapa de Los Estudiantes quedó fascinado por un estilo que es conocido como el mersey beat o mersey sound, por ser originario de la región de Merseyside a la que pertenece Liverpool, la ciudad que vio nacer a The Beatles, y que se caracterizaba por combinar de un modo especial y distinto la melodía con el ritmo, dos elementos que entonces se consideraban antagónicos y por tanto incompatibles, hasta que una serie de grupos como Gerrry and the Pacemakers, The Searchers, The Dominoes o Roy Storm and the Hurricanes (del que fue baterista Ringo Starr) lo popularizaron.
Este sonido fue el precursor de lo que mas tarde sería la música beat  (palabra que se puede traducir tanto como golpe o latido) un género cuyos instrumentos identificativos eran la guitarra eléctrica (por lo general una de acompañamiento y otra de punteo), un bajo eléctrico y percusión (batería). Precisamente, el especial modo de sincronizar estos dos últimos instrumentos (bajo y bateria) fue lo que caracterizaba a este sonido.
Originalmente, la parte vocal del mersey sound recordaba al estilo doo wop por la preponderancia de unos coros que repetían sonidos silábicos sin significado fonético alguno. Sin embargo, y a diferencia de aquél, en el mersey sound apenas se utilizaban los falsetes y prácticamente se prescindió de las exhibiciones de los sonidos vocales graves  que eran tan habituales y características del doo wop.
En un principio, los grupos mersey sound beat interpretaban, a su modo, temas conocidos del rock an roll o del Rockabilly con una suerte de adaptaciones mas que versiones hasta que The Beatles empezaron grabar sus propias composiciones y algo nuevo hizo su aparición en un panorama que aun hoy sigue en perpetuo crecimiento.
Del mersey sound a Los Brincos
Regresemos de nuevo a España y centrémonos ahora en Fernando Arbex, un músico en potencia que antes mucho antes de los veinte años hizo alarde de poseer una sensibilidad, creatividad y unos conocimientos suficientes para llegar a asimilar las nuevas tendencias que se estaban gestando en Inglaterra y plasmarlas en la composición de unos temas que poco a poco iba escribiendo dejando constancia en ellos de una fusión de ritmos, voces y armonías que aun hoy nos suenan innovadoras cuando, medio siglo después, escuchamos las grabaciones de los pioneros del rock español.
Ya en su primer grupo, Fernando Arbex dejó bien claro cuales eran sus influencias, así como también que no sólo quedó impresionado al escuchar en 1962 los primeros discos de The Beatles sino que, mucho antes, había bebido en las misma fuentes que ellos y otros muchos grupos como Yardbirds, Who o Rollings.
De todo el material (dificilísimo de conseguir en España) que iba llegando de Inglaterra, lo que mas le sedujo a Fernando no fueron las canciones que sonaban en las caras ‘A’ de los singles, las que entraban en las listas de éxitos, sino en aquellos temas más difíciles relegados a la cara ‘B’ que, junto a otros perdidos en los LP como canciones de relleno, pasaban desapercibidos para los fans menos receptivos a los sonidos mas inovadores.
Así pues, aunque siempre se haya dicho que el grupo que Fernando Arbex fundó junto a Juan Pardo, Antonio Morales (Junior) y Manolo Gonzáles era una versión española de The Beatles, y aunque, efectivamente, Los Brincos sonaran muy parecido a ellos en algunas canciones de su primer LP (sobre todo ciertos temas cantados en inglés),  no era así porque imitarlos fuera único objetivo o porque Maryní Callejo (la joven productora que con sólo diecinueve años se encargó de su lanzamiento) se empeñara en ello, sino porque, al igual que The Beatles y tantos otros grupos anglosajones, Los Brincos adoptaron como referencia el modo de hacer música The Searchers (1960), verdaderos precursores del mersey sound así como de cierto folk-rock que más tarde adaptarían y popularizarían The Byrds al otro lado del Atlántico.
Ya conocemos pues que influencias marcaron las pautas de lo que sería en el sonido brincos, no sólo en su nacimiento (1964) sino también en los años setenta e incluso como repercusión en los sonidos que caracterizaron a otros grupos que, expensas de sus componentes, surgieron a partir de la evolución de su matriz.
Pero no corramos tanto, al menos no por ahora, pues tiempo habrá en nuevas entregas de conocer la transición desde el punto de partida a los puntos de destino que alcanzó esta formación a través de cada uno de sus miembros, de los cuales, y aunque de momento nos hayamos centrado más en la figura de Fernando Arbex, simultánea e independientemente también Juan Pardo, Junior y Manolo González evolucionaron desde sus respectivos grupos y bebieron de las mismas fuentes así como de otras influencias que modularon la creatividad de cada uno de ellos y perfilaron la individualidad que mas tarde aportarían cuando finalmente los cuatro confluyeron, intercambiaron sus ideas, expusieron sus planteamientos y de la mano y producción de la joven-madura Maryní Callejo se materializó el nacimiento de Los Brincos.
Para Maryní Callejo fue un reto que, pese a su juventud, Zafiro le encargara en 1964 la producción y el lanzamiento musical de un nuevo conjunto que en realidad se materializaría con el sello Novola (una filial de la discográfica, que aludía a la nueva ola musical). Según sus propias palabras, "tuve que poner un poco de orden en las alocadas ideas del grupo", y el resultado fue el mayor éxito del pop español hasta entonces conocido. Maryní hizo los arreglos de todas las canciones que habían compuesto los integrantes del grupo (sobre todo Fernando y Juan que también aportaron canciones propias, incluso grabadas con anterioridad como era el caso de Nila, de Juan Pardo) y apareció como coautora habida cuenta de que al no ser músicos profesionales, era necesario que alguien que perteneciera a la Sociedad General de Autores firmara también como autor.
Pero de todo esto hablaremos en una segunda entrega y dejaremos en este punto la historia de los Brincos una vez conocido, al menos, cual fue unos de los factores e influencias que contribuyó a crear su singular sonido.


Alberto Soler Montagud

jueves, 29 de mayo de 2014

OH! DARLING (Una canción que enemistó –aún más– a Paul McCartney y John Lennon)






Oh! Darling es el cuarto tema de la cara A de Abbey Road, el undécimo álbum y, para muchos, el mejor de The Beatles, en cuya grabación, cada uno de los componentes aportó tanto composiciones como ideas que juntos fueron puliendo en medio de un ambiente tenso debido al mal momento que atravesaba la relación entre John y Paul, una crisis de pareja que repercutió en los otros dos miembros por un efecto contagio que marcó el peor momento que el grupo había conocido desde su fundación.

"El truco para las sesiones del Abbey Road", como dijo Paul McCartney, fue que "de alguna manera teníamos que ponernos los guantes de boxeo, tratamos de reunirnos para hacer un álbum muy especial. De alguna manera, pensábamos que este sería nuestro último trabajo, así que... todavía podíamos mostrarnos a nosotros mismos de lo que éramos capaces de hacer, y tratamos de divertirnos mientras lo hacíamos"

"Oh! Darling" era una canción que Paul McCartney llevaba en mente desde hacía bastante tiempo y a la que pretendía imprimir la progresión armónica, el ritmo y la melodía típicos de muchos de los temas doo-wop de los años 50's que tanto le influenciaron a él como al resto de cuarteto en su adolescencia. Conforme la iba componiendo, el estilo de la canción se impregnaba más y más de aquellas viejas grabaciones y los sonidos de los primeros acordes que aprendieron para conseguir que con sus guitarras y voces sonaran lo mas parecido posible a las versiones originales.

Muchos años después de la separación del grupo, Paul confesó en una entrevista que su idea en 1969 era que la voz que interpretara "Oh! Darling", fuera áspera y ruda, mas o menos como la de alguien que "hubiera estado cantando sobre el escenario toda una semana". Sin embargo, tras muchos años de abusar y forzar sus cuerdas vocales (en sus inicios, Paul era capaz de imitar de un modo bastante creíble la voz de Little Richard) el registro de McCartney ya no le permitía llegar al resultado deseado. "Hace cinco años, esto lo hubiera cantado en una sola toma", diría Paul en 1969 aludiendo a la facilidad con que cantaba tan desgarradamente en sus inicios.

Hay abundantes testimonios que enfatizan en el titánico esfuerzo con que McCartney trabajó su voz para este tema. Se presentaba en el estudio una hora antes que los demás y calentaba la garganta, rompiéndola poco a poco hasta rozar los límites. Llegó a grabar hasta 26 tomas de la canción en una incansable búsqueda de la tonalidad adecuada, hasta que el 20 de Abril (con Paul al bajo y voz, John al piano y voces, Ringo Starr a la percusión y George Harrison con la guitarra, sintetizador y voces) se dio por buena la toma definitiva de la que Paul se sintió orgulloso y Lennon no llegó a estar satisfecho por haberle ofendido que McCartney no le dejara grabar la canción como solista siendo que el tema que le iba mucho más a su registro.





https://www.youtube.com/watch?v=iLnVOyhqSi8




Tras la grabación, la respuesta de Lennon fue desoladora, pues el 11 de agosto, una vez terminó de grabar los coros, decidió que ya nunca volvería a participar en una grabación de los Beatles.

En 1980, John Lennon hizo la siguiente declaración: " Oh! Darling fue una gran canción que Paul no cantó muy bien. Siempre pensé que yo podría haberlo hecho mejor, pero él la escribió y, por norma general, quien escribe la canción la canta, que le vamos a hacer".


No es descabellado pensar que en plena rivalidad por el liderazgo del grupo, McCartney quisiera demostrar que era capaz de hacer cualquier cosa, incluso componer e interpretar un tema tan lennoniano como Oh! Darling.





UNA VERDADERA RAREZA
OH! DARLING
(Paul y John en dueto)






En esta prueba de estudio se aprecia, ya desde el principio (00:05), como John entra acompañando a Paul. El sonido característico de la guitarra de la versión definitiva aun no está bien definido y las notas del piano tampoco aparecen completas.
A los (00:23) el sonido de vibrato característico de Paul es muy diferente a la versión que salió en el disco y es evidente que imita música negra de los años ’50.
En el minuto (01:14) Paul hace una entrada muy floja –se le nota que está buscando el tono– en la parte fuerte de la canción, y al llegar al (02:19) se aprecia ya claramente su típico vibrato.